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Foo Fighters: directo al nervio


21 de febrero de 2015

La banda de Dave Grohl dio un show contundente de casi tres horas

Dave Grohl interactuando con el público. Foto: larazon.com.ar
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Dave Grohl miró desde el escenario, levantó las manos y el público respondió instantáneamente. Todavía no había sonado una nota, los músicos aún no habían llegado a sus puestos y la alquimia ya estaba consumada. Así se manifiesta la energía de uno de los últimos líderes carismáticos del rock de guitarras. Acto seguido, el arpegio de "Something From Nothing" -del flamante Sonic Highways, editado hace poco más de dos meses- dio comienzo a un show de casi tres horas de duración en el que Foo Fighters (Grohl mediante) hizo gala de su rock arrogante, que privilegia el músculo por sobre el cerebro.

Ya en "The Pretender" el ex baterista de Nirvana tomó la pasarela en pleno interludio instrumental. Todo el estadio le pertenecía y él se encargó de dejarlo en claro lo antes posible. Dave Grohl ha sabido generar un magnetismo vintage que se exterioriza de una forma que hoy no encuentra similares. En las antípodas del carisma no-carismático de las estrellas británicas (Thom Yorke a la cabeza), su pose es simplemente la de no aparentar pose, sino combustión espontánea. Primal y sanguíneo, es capaz de comunicarse a través de gritos no verbales y obtener de sus interlocutores una réplica inmediata. Musicalmente, la propuesta de Foo Fighters es la de ir directo al nervio, con sus crescendos constantes y la voz desgarrada, las melodías son defendidas con todo el cuerpo, hasta el final, atravesando piel y hueso ("Skin And Bones", cantará más adelante, en tiempo y espacio, apenas con su acústica y un acordeón).

SOLIDEZ DE BANDA

El resto del grupo mantuvo una solidez aplastante durante toda la noche y tuvo sus 15 segundos de fama cuando Dave Grohl los presentó luego de "Cold Day In The Sun" y los primeros guiños a Queen. El tándem de tres guitarras, teclado, bajo y batería (Taylor Hawkins fue anunciado como "El mejor baterista del mundo", nada menos que por el baterista de la última banda de rock que identificó a una generación) se erige como una pared inamovible para un rock que heredó de Nirvana su costado desafiante, pero no sus sollozos de derrota.

"I"ll Stick Around" -de aquel debut homónimo lanzado apenas un año después del suicidio de Cobain- pegado al novel "Congregation" fueron la prueba de que las composiciones de Foo Fighters van más por el lado del sentido común que por el de la actualización o el riesgo.

Al promediar el repertorio, Dave Grohl tocó tres canciones ("Skins and Bones", "Wheel" y "Times Like These", uno de los mayores éxitos de Foo Fighters) en plan acústico sobre el final de la pasarela "para poder verlos a todos y que también nosotros podamos estar cerca", le confesó al público que más lejos se encontraba del escenario. Antes de regresar por completo, Grohl demarcó nuevo territorio al unirse al grupo que había emergido a mitad de camino sobre un piso giratorio para dar forma a la sección. "Detroit Rock City" ganó en su lectura alternativa, mientras que "Miss You", con Johnny Kaplan y Dave Krusen de invitados, flaqueó sin obtener demasiada resonancia en plena patria stone.

Uno de los momentos más esperados de la noche llegó con "Stiff Competition", de Cheap Trick: enroque entre Taylor Hawkins y Grohl que se desarmó sobre el redoblante y cada golpe de redoblante voló por el aire como chispas de aquel fuego grunge que prefirió quemarse antes que desvanecerse.

Luego de "Under Pressure", clásico de Queen y David Bowie que dio por concluida la sección de homenajes, Foo Fighters volvió a su posición original para la pentalogía de cierre. "Best Of You" y "Everlong" obraron de final obvio para un show que fue clímax constante a ambos lados del escenario. Durante las casi tres horas de show, Grohl hizo alarde constante de la potencia de sus presentaciones: "no tocamos bises, tocamos todo el tiempo que queremos y sin parar", gritó en forma de proclama para advertir a desprevenidos.

Como quedó evidenciado en los momentos en los que se bajaban las luces, Foo Fighters atrae a público tanto de la generación encendedor como de la generación celular. En sus 20 años de historia, en la música del grupo hay exudación rockera pero también hay un dejo de alternatividad licuada, tan apto para fans de Led Zeppelin como para principiantes de la distorsión. Pero hoy Foo Fighters es menos que Dave Grohl, quien se ha convertido en un personaje/persona que trascendió al grupo gracias a su carisma y sus incursiones interdisciplinarias. El ex baterista de Nirvana compone canciones de rock normales y las grita a los cuatro vientos. El domingo, 30.000 personas se mostraron felices de que existieran esas canciones y ese líder existan.

A casi tres años de sus recordadas noches en River -la primera por su contundencia, la segunda por la tormenta que azotó a la ciudad- los F.F. lideraron otra soberbia jornada rockera que empezó con los locales Eruca Sativa y los ingleses Kaiser Chiefs.

Fuente: Lanacion.com

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